
Cuento corto dedicado a una amiga que me comprende:
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Bueno Ricardo, eres mi médico de cabecera, ya me
has interrogado acerca de toda mi vida y hecho muchos análisis y pruebas. Llego
la hora de que me digas qué me sucede. Soy un hombre fuerte, y ya he vivido lo
suficiente. No tengas reservas en decírmelo con toda confianza.
El médico se movió inquieto en su silla. Tomó sus lentes y los miró contra su ventana, buscando una posible mugrecita que sabía inexistente. Carraspeó varias veces. Por fin, enfrentó al hombre sentado al otro lado de su escritorio, su amigo, que esperaba con una ansiedad mal disimulada.
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Mira, nos conocemos desde hace mucho y durante
todos estos años hemos sido muy amigos. Te diré exactamente cuál es tu problema,
que por lo demás es muy raro. Había leído de él pero es el primer caso que
encuentro. Recuerda que me viniste a ver después de tu rompimiento con tu mujer
porque no te explicabas su súbita
decisión de dejarte. Todo iba bien con ella hasta que de repente tuviste
actuaciones extrañas, impensables en alguien como tú, y de tal intensidad y
agresividad que provocaron que la mujer que amas terminara con temor de estar a
tu lado. Lo extraño fue que durante el tiempo anterior nada hacía presagiar tal
cambio...
El hombre recordó esos momentos y cerró los ojos. Daría su vida por
volver en el tiempo y comenzar de nuevo, o hacer desaparecer esos días de su
vida. Pero ya todo estaba hecho. Volvió a prestar atención a su amigo.
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Tú sabes que hay teorías que hablan de que somos
reencarnaciones de personajes que han vivido anteriormente. No se sabe si es
verdad. Lo que sí se sabe es que nuestra alma sí vive antes de nosotros, y
cuando estamos saliendo de nuestra madre llega desde algún lado y ocupa nuestro
cuerpo. Y nos acompaña por el resto de lo que será nuestra vida terrenal....
Miró a su amigo y médico con curiosidad. No se explicaba adonde
conducía esa explicación.
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En el caso tuyo, saliste del vientre de tu madre
e hiciste una vida común, diría que bastante feliz y exitosa. Trabajaste y encontraste
al amor de tu vida. Tuviste una vida holgada y tranquila. Pero, en tu
relacionamiento siempre hubo algo que llamaba la atención: cada vez que tu
felicidad era máxima, algo dentro de ti se revolvía y cometías alguna acción o
tomabas una decisión que atentaba en contra de tu propia felicidad. Tú no te
dabas cuenta, los efectos los sufrían los que te aman o te aprecian, pero los
resultados eran los mismos: terminabas solo, sintiéndote infeliz y perdías a
las personas importantes para ti. Era como si tuvieras dentro de ti un demonio
que cuidaba de tu infelicidad, así como todos tenemos un ángel que se encarga
de nuestra felicidad.
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Pero ¿cómo se explica el éxito profesional y
económico que he tenido y que me ha hecho tan feliz?
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Ese éxito nació de tu instinto natural de
supervivencia, que te hizo manejar exitosamente tus mecanismos de ataque y defensa
y de evaluación del costo y beneficio. Siempre tomaste decisiones adecuadas y
acertadas, siempre supiste identificar y encontrar a quien te pudiera ayudar,
siempre supiste identificar la oportunidad y aprovecharla. Pero, en contra de
lo que piensas, nunca te hizo feliz, nunca fuiste realmente feliz....
Era verdad. Aunque nunca lo diría a nadie, sabía que todo ese éxito
era superfluo para él. Disfrutaba de toda clase de comodidades, viajaba, era
reconocido, pero no era un hombre feliz, todo lo contrario. Nunca pudo tener lo
que siempre buscó, el amor y la compañía de una mujer. Pero calló nuevamente, y
siguió escuchando.
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¿Y qué tiene que ver todo esto con aquello de
que nos reencarnamos y eso de que
nuestra alma llega en el momento del parto?
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Allá iba. Tu éxito material nace de la
excepcional adaptación de tu soma al entorno y al ambiente en que te has
desenvuelto. Tu cuerpo ha sido excepcionalmente reactivo, y por lo tanto
exitoso. Pero tu alma... por alguna razón que no podría precisarte, no ocupó tu
cuerpo en el momento en que éste abandonaba el de tu madre, en el momento en
que nacías. Se quedó a medio camino, quizás está en algún lado. Lo concreto es
que no ocupó tu cuerpo. Por eso, cuando tu felicidad con alguien alcanzaba los
niveles más altos, tu cuerpo reaccionaba negativamente porque no está diseñado
para manejar y administrar la felicidad; sólo el alma lo puede hacer.
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No te entiendo, Ricardo. Realmente no entiendo. ¿Alma, cuerpo, felicidad?
No entiendo.
- Es simple, escucha. Simple de entender aunque no sabemos explicarlo. Sufres de una incapacidad innata para ser feliz al lado de alguien. No puedes conocer ese estado inefable de felicidad proveniente del amor porque... no tienes alma. Lo que te sucedió con tu mujer ha sido la historia de toda tu vida. Tú aún no has nacido; sólo nació tu cuerpo.












Hola Mariano
Excelente tu relato, me encanto , yo soy budista,
eh estudiadomucho y conosco de cerca muchas religiones. seguire visitando
tú blog por que según leí este sitio es temporal.
cariñños
Violet